Náufragos Celestes

lunes, 4 de abril de 2016

Sinsentidos...

Por momentos todo parece un sinsentido. Disfrutar la brisa, observar las nubes en el horizonte, seguir con la mano el ascenso de la nota preferida en una canción lejana. Inoue sentía que esperaba algo que nunca elegía dejarse ver, el cumplimiento de una promesa en un porvenir nebuloso. 
Su mirada se perdió en la pared, se vio deambulando por el bosque, luego imaginó que su muerte daba un paso más cerca con cada momento derrochado, entregado al vacío sin miramientos. La oscuridad creció en los rincones de la habitación y ella maldijo en voz alta
 ¿¡Qué es vivir sino esperar la muerte!? ¡No importa si se es rey o siervo, estos inútiles le dan significado a los actos más pueriles! ¡Me tienen harta, de todo hacen una ceremonia putrefacta, inmundos animales! ¡Creen imitar el orden celeste con sus actos sin saber que es todo una bufonada! ¡Me dan risa con sus pretensiones de grandeza, imbéciles, ignoran cuantos reyes han muerto en el fango como cerdos! ¡Pero no importa, ya les llegará su hora! ¡Los maldigo a todos!
Varias horas pasaron, un murmullo creció en las calles y en los ojos de Inoue asomaron unas lágrimas, no porque fuera de la torre la hoguera ya estuviese lista, sino porque entendió que la promesa nunca se cumpliría. Unos pasos se escucharon fuera de la puerta, la cerradura se quejó y al ceder dos largas sombras se proyectaron en la habitación...a partir de ahí todo sería borroso.




----------------------------------



¿Qué estás esperando? 

domingo, 13 de marzo de 2016

Sin redención...

No me interesan las horas, 
los paraísos perdidos,
la lluvia que no llega
o la noche que no termina.

Le robo tiempo a mi propia vida
al perderme en la ilusión,
en un recuerdo
que ahora solo es fantasía.

Me adentro en la oscuridad,
escapo de los mapas
sin encontrar redención,
antídoto que mejore mi condición.

No importa lo que haga,
vago atormentada,
condenada a la distancia,
a estar separada de ti.




viernes, 4 de marzo de 2016

Mujer en Buenos Aires


En Buenos Aires
las mujeres se saben de memoria
la palabra tequiero,
saben como viajar hasta un hotel
o hasta un adiós
deambulando por todas las caricias,
saben cómo hacer  para que un hombre
no las eche de menos
y también cómo inventarle lágrimas al día.

Las mujeres de Buenos Aires
se saben de memoria los besos,
las cosas del amor.
A veces sin embargo se las oye llorar,
en el café La Paz, el Ramos, La Giralda,
sin ir más lejos ayer la vi a Cristina,
estaba tirada contra un vidrio
contando la garúa...

y afuera no llovía.


Adrian Desiderato